Northampton Audio Tour: Clicking, Closing and the Sound of the Town
Northampton's boots once walked the world, and behind every pair was a parlour, a workshop, a factory floor and a family. This self-guided audio tour traces a working day through England's shoemaking capital, from the open Market Square where shoemakers organised against the new machines, to St Crispin's altar at All Saints, through the cordwainer-chapel where Northampton's shoemakers learned to organise, to the very block where the first 'monster warehouse' broke the parlour trade and triggered the strike of 1858, and finally to a Victorian prison whose vaults now hold one of the world's great shoe collections. You will hear what a clicker actually clicked, why the closing rooms were full of women on rented Singer machines, and how a 1936 super-cinema, a leather-works in Pont Street Dutch brick and a 1940 youth club for the no-collar kids of the Boroughs all share the same streets. Walk slowly. The buildings still hold their shape, and the shoes still hold their stitches.
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Sobre este tour
- scheduleDuración 40–60 minsVe a tu propio ritmo
- straighten4.6 km de ruta a pieSigue el camino guiado
- location_onUbicaciónNorthampton, Reino Unido
- wifi_offFunciona sin conexiónDescarga una vez, úsalo en cualquier lugar
- all_inclusiveAcceso de por vidaReprodúcelo en cualquier momento, para siempre
- location_onComienza en Market Square
Paradas en este tour
Párate aquí un momento... Estás en el “salón” público de Northampton, y también en uno de los mercados al aire libre más antiguos de Inglaterra. La villa recibió su primera carta…Leer másMostrar menos
Párate aquí un momento... Estás en el “salón” público de Northampton, y también en uno de los mercados al aire libre más antiguos de Inglaterra. La villa recibió su primera carta de mercado en el año mil ciento ochenta y nueve. Y en mil doscientos treinta y cinco, Enrique Tercero sacó el comercio del patio de la iglesia de All Saints y lo trajo a este “lugar vacío y baldío” justo al lado. Desde entonces, esta plaza ha sido el escaparate de la industria del calzado: comprar cuero, contratar manos, vender pares terminados, discutir salarios, escuchar política y, de vez en cuando, “mejorar” las cosas a base de disturbios. Antes de que las fábricas dominaran las calles, muchos zapatos se hacían con una cadena de cuatro oficios. El clicker era quien cortaba los patrones en el cuero; se dice que el nombre venía del clic de la cuchilla contra una tabla apoyada en la rodilla. El closer, a menudo una mujer, cosía las piezas de la parte superior. El laster, normalmente un hombre, tensaba esa pieza sobre una horma, es decir, un molde de madera con forma de pie, y la fijaba. Y el finisher remataba: recortaba, pulía, daba betún y dejaba el zapato lo bastante presentable como para salir a la calle. Gran parte se hacía con el sistema de trabajo a domicilio. Un maestro cortador repartía cuero aquí en el pueblo; luego oficiales y familias se lo llevaban a casa, trabajaban a destajo y devolvían empeines o botas completas para cobrar. En mil ochocientos cuarenta y uno, el censo contó mil ochocientos veintiún zapateros en Northampton. Para mil ochocientos setenta y uno, alrededor del cuarenta por ciento de los hombres del pueblo trabajaba en el gremio. Y, aunque llegaron las fábricas, el trabajo en casa siguió hasta principios del siglo veinte. La industria, ya ves, no siempre empieza con una chimenea... a veces empieza junto al fogón. Imagínate la plaza llena de zapateros... ¿qué oirías primero: el corte del cuero, el tirón del hilo, el martillo en la suela o los gritos por el precio? Yo apuesto por los gritos. Aquí también se acumuló mal genio. En mil ochocientos cincuenta y ocho, los trabajadores del calzado se organizaron en esta plaza contra nuevas máquinas de cierre, en lo que se conoció como la lucha antimáquinas de Northampton. Y en mil ochocientos setenta y cuatro, cuando los partidarios de Charles Bradlaugh creyeron amañado un comicio parcial, muchos -zapateros incluidos- arrancaron los adoquines de esta misma plaza y los lanzaron contra ventanas. Una ciudad obrera no siempre se expresa con actas y comités. Y la plaza recuerda una catástrofe. En septiembre de mil seiscientos setenta y cinco, el Gran Incendio arrasó Northampton y destruyó setecientos de los ochocientos cincuenta edificios en unas seis horas. Después, el Parlamento ordenó reconstruir en ladrillo o piedra, con tejados de pizarra, y los accesos ensanchados le dieron al mercado buena parte de su amplitud. Mira al suelo... Bajo el pavimento moderno hubo sótanos que más tarde se conectaron como refugios antiaéreos. Y en el rediseño reabierto a finales de dos mil veinticuatro, la fuente central guiña el ojo a la forma de un zapato. Un truco muy de Northampton: tras ocho siglos de comprar y vender, el oficio todavía se lleva... literalmente... bajo los pies. Cuando estés listo, camina hacia el este, en dirección a Abington Square, para llegar a The Deco, antes el Savoy y el cine A-B-C, a unos once minutos a pie.
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A tu izquierda está The Deco... aunque mucha gente de Northampton todavía lo llama por sus vidas anteriores: el Savoy y, más tarde, el A-B-C. Abrió sus puertas un sábado, el dos de mayo de mil novecientos treinta y seis, con esa seguridad de edificio que parece decir: “tranquilos, yo me encargo del espectáculo”. El arquitecto W. R. Glen, diseñador interno de Associated British Cinemas, o sea, la cadena de cines Associated British, le dio un aire de Modernismo Internacional: líneas limpias, curvas con carácter y cero ganas de disfrazarse de Roma antigua. La modernidad llegó a Abington Square y pidió butaca. Y llegó rápido. Lo construyeron en menos de nueve meses, justo donde antes estaba el antiguo Technical College. Así que un tipo de educación se mudó... y entró otro: menos álgebra, más Hollywood. A esto lo llamaron “catedral del cine”, que suena un poco dramático... pero tampoco iban tan desencaminados. Dentro, el auditorio original rozaba las dos mil personas: seiscientas noventa y seis en el “circle”, la grada o anfiteatro de arriba, y mil doscientas en la “stalls”, las butacas de la platea de abajo. Y aquí va el detalle que los vecinos te sueltan como quien no quiere la cosa: Glen lo diseñó desde el principio para cine y para teatro, así que incluyó un foso de orquesta, ese hueco frente al escenario donde se coloca la música en directo. Vamos, que no era solo una sala con pantalla: era un lugar pensado para actuar, deslumbrar y llenar de gente. Y eso encajaba con la ciudad. Tras el pitido de la fábrica del sábado, zapateros, trabajadores a domicilio -los “outworkers”, que hacían trabajo de taller desde casa-, operarios y dependientes venían a gastarse el sueldo de la semana en glamour, canciones, chistes, un beso en la última fila y una estrella de cine del tamaño de una pared. En los años cincuenta, el Savoy adoptó la marca del grupo y pasó a ser el A-B-C. En mil novecientos setenta y cuatro, dividieron la gran sala única en un complejo de tres pantallas: cirugía práctica, sin sentimentalismos. Aguantó como el Cannon hasta mil novecientos noventa y cinco, cuando el nuevo multiplex de Sixfields -un cine grande con muchas salas- se llevó al público. Tras cinco años a oscuras y tapiado, reabrió en octubre de dos mil cuatro como espacio multiusos. Northampton hace bien eso... conservar los huesos y cambiar el oficio. Y luego están las noches de los Beatles. Tocaron aquí dos veces en mil novecientos sesenta y tres, ambas en miércoles. El veintisiete de marzo aún eran teloneros de Tommy Roe y Chris Montez. Para el seis de noviembre, volvieron como cabeza de cartel en su gira de otoño por Inglaterra e Irlanda. Una placa azul junto a la entrada recuerda las dos visitas. Esa segunda noche sonaron temas como She Loves You y Twist And Shout, y durante unas horas el ruido que salía de este edificio tuvo poco que ver con la disciplina de fábrica y mucho con el delirio adolescente. Distinto ritmo, misma liberación. En unos ocho minutos iremos hacia Lower Mounts, la puerta de entrada al Boot and Shoe Quarter, donde la Northampton trabajadora vuelve a verse con toda claridad.
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Quédate aquí un momento y mira Lower Mounts como si fuera una costura en Northampton: no es del todo el casco antiguo, pero tampoco es aún el este industrial en pleno. Es la unión entre dos mundos... y se nota. El nombre, de hecho, viene de cuando la ciudad se tomaba la defensa muy en serio. Cerca de aquí, junto a la antigua East Gate, durante la Guerra Civil se levantaron montículos de tierra, terraplenes, para proteger Northampton. La mayoría desapareció hace mucho, pero el relieve se quedó. Así que esta pendiente no es casualidad: es historia con forma de suelo. Hace doscientos años, por aquí había campos abiertos. Y luego, entre aproximadamente mil ochocientos cuarenta y mil ochocientos ochenta, el cambio fue a toda velocidad. Aparecieron calles llenas de “leather dressers”, que eran artesanos que preparaban y trataban el cuero; capillas, pubs, clubes obreros, hileras de casas adosadas y fábricas pegadas unas a otras. En una generación, los Mounts se convirtieron en el taller de Northampton. Lo interesante es lo que sigue en pie. En dos mil once, el ayuntamiento creó el Boot and Shoe Quarter Conservation Area para protegerlo, incluyendo las calles entre los Mounts, Kettering Road, Lower Mounts y el borde del Racecourse. Suena a documento que no quiere mirarte a los ojos... pero importa: es el distrito industrial zapatero conservado más denso de Inglaterra, con aproximadamente un setenta por ciento de sus edificios comerciales originales todavía en pie. Y ojo: no todo ocurría en fábricas. En estas calles laterales, detrás de puertas normales, una “closer” -la persona que cosía las piezas superiores del zapato- podía pasarse el día trabajando en el salón. Singer triunfó no solo por la máquina de coser, sino por el alquiler semanal: sin necesitar el dinero de un patrón, podías rentar una máquina y producir desde casa. Ese detalle, pequeño y muy práctico, cambió el oficio. Ahora mira hacia los bloques grandes. Por Overstone Road y St Michael’s Road, la industria se lee en ladrillo: fábricas clásicas de tres plantas, pegadas a la acera, con ventanales altos para dar luz a los trabajos más finos. Ahí se entiende que Northampton no solo hacía zapatos... también quedó moldeada por ellos. Desde aquí vamos hacia la fábrica G-T Hawkins, a unos seis minutos a pie, donde esa historia industrial se ve con todas las letras.
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The Hawkins Building
Compra el tour para desbloquear las 16 pistasA tu izquierda tienes la fábrica de G. T. Hawkins. Este edificio se entiende por capas... si te fijas en el ladrillo, casi puedes leer la biografía de la empresa. Hawkins empezó…Leer másMostrar menos
A tu izquierda tienes la fábrica de G. T. Hawkins. Este edificio se entiende por capas... si te fijas en el ladrillo, casi puedes leer la biografía de la empresa. Hawkins empezó aquí hacia mil ochocientos ochenta y seis, con una fábrica de tres plantas en la esquina de Overstone Road y Dunster Street, de diez “bays” por tres: “bay” significa cada tramo repetido de fachada, como módulos. Para mil ochocientos noventa y nueve ya se había estirado: una ampliación de siete tramos por Dunster Street y, en St Michael's Road, un bloque de cuatro plantas con sótano incluido. Y entre mil novecientos doce y mil novecientos dieciséis fue absorbiendo las antiguas naves de Hornby and West, el rival de al lado, una fábrica de mil ochocientos setenta y seis... hasta que toda la manzana funcionó como una sola máquina. Esa fachada larga, con cambios de ritmo y de escala, no es “desorden”... es conquista industrial en ladrillo. Mira la esquina hacia arriba y verás a Hawkins presumiendo un poco: el Royal Warrant, el sello de proveedor oficial de la Corona, tallado en el edificio. Viene de los mil ochocientos ochenta, cuando suministraba botas de montar a la reina Victoria. Luego la firma se volvió muy eficiente en tiempos de guerra: botas para la guerra de los Bóeres, botas de aviación en la Primera Guerra Mundial y, otra vez, botas militares durante el conflicto de las Malvinas en mil novecientos ochenta y dos. Northampton olía a cola y cuero... pero vendía al mundo. Todavía se ve cómo trabajaba el lugar. En el frente de Overstone Road está la puerta de carga, por donde izaban pieles y materiales desde los carros hasta las plantas superiores. Dentro, un par de botas pasaba por muchas manos: el “clicker” cortaba el cuero siguiendo los patrones; el “closer” cosía la parte superior; el “laster” tensaba el cuero sobre una horma, la pieza con forma de pie; y el “finisher” remataba y pulía los bordes. No es poesía... pero le dio de comer a medio pueblo. Y luego está lo de “Everest”. Hawkins fabricaba botas excelentes para caminar y para altura, y más tarde vendió un modelo comercial llamado Everest. Pero las botas con las que Edmund Hillary y Tenzing Norgay hicieron cumbre en mil novecientos cincuenta y tres no salieron de esta línea. Las diseñó Satra (Shoe and Allied Trades Research Association) en Kettering: Harry Bradley lideró el diseño y Ron Skillman supervisó la fabricación de treinta y cinco pares hechos a mano. Hawkins se quedó con el brillo después... y, en marketing, eso cuenta como agilidad. La fábrica cerró en mil novecientos noventa y cinco, tras unos ciento veinte años de actividad. Hoy es Hawkins Court, con ochenta y nueve apartamentos dentro de la carcasa histórica. Antes de seguir, asómate a Dunster Street: el bloque de ladrillo de estilo holandés de Pont Street, de mil ochocientos ochenta y ocho, era Globe Leather Works, el taller de curtidores de James Collier and Company. Un “currier”, o curtidor de acabado, tomaba la piel ya curtida y la “vestía”: la teñía, la suavizaba y la dejaba lista para usar. De sitios así salían los empeines y también el “welt”, la tira que une la parte superior con la suela, para Hawkins, Tricker's y Crockett and Jones. La cadena empezaba antes del taller: curtidor, curtiduría de acabado, y luego clicker, closer, laster, finisher. Cuando quieras, sigue hacia la fábrica de Tricker's en St Michael's Road... a unos cinco minutos andando.
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Tricker's Factory Shop
Compra el tour para desbloquear las 16 pistasA tu derecha está Tricker’s… y lo importante es que esto no es un museo disfrazado de taller. Aquí se trabaja de verdad. Unas ochenta y seis personas sacan alrededor de mil pares…Leer másMostrar menos
A tu derecha está Tricker’s… y lo importante es que esto no es un museo disfrazado de taller. Aquí se trabaja de verdad. Unas ochenta y seis personas sacan alrededor de mil pares de zapatos y botas cada semana, y cada par se corta, se cose, se monta, se remata y se termina bajo el mismo techo. ¿Te acuerdas de la cadena de cuatro pasos que mencionamos en Market Square? Pues aquí la tienes en acción: el “clicker”, que es quien corta el cuero siguiendo los patrones; el “closer”, que cose y arma el empeine, la parte superior; el “laster”, que estira ese empeine sobre una horma, el molde de madera con forma de pie; y el “finisher”, que recorta, tiñe detalles y pule hasta que deja de parecer un proyecto de banco de trabajo. La empresa la fundó Joseph Tricker en eighteen twenty-nine, y por eso Tricker’s presume -con razón- de ser el fabricante de calzado inglés más antiguo que sigue en activo. En este lugar, del número cincuenta y seis al sesenta de St Michael’s Road, se produce desde nineteen oh four. La fachada de ladrillo vidriado que ves corresponde a una reconstrucción de nineteen thirty-seven… pero la idea no cambió: hacer zapatos serios, y hacerlos como es debido. El corazón técnico de todo esto es el “Goodyear welt”, o ribete Goodyear. Suena mecánico porque lo es: en vez de pegar la suela, se cose. El empeine y la plantilla se cosen a una tira de cuero llamada ribete, y luego la suela exterior se cose a ese ribete. ¿Resultado práctico? Que puedes cambiar la suela una y otra vez, en lugar de tirar el zapato por un ataque de impaciencia moderna. Tricker’s adoptó este sistema a comienzos del siglo veinte, cuando Walter James Barltrop, yerno de Joseph Tricker, volvió de un viaje de compras a Nueva York con la máquina… y con la idea. La maquinaria estadounidense metió más trabajo dentro de la fábrica, pero no eliminó el oficio: lo concentró en edificios como este. Y eso en Northampton importa. Lugares así estuvieron en el centro de las discusiones sobre contratos militares y “piece-rates” a principios de nineteen hundreds: cobrar por pieza, es decir, según cuántas partes o pares completas, no solo por hora. Cuando los hombres de Raunds marcharon en nineteen oh five, también marchaban por la economía de trabajos como este. Tricker’s recibió el Royal Warrant del Príncipe de Gales en nineteen eighty-nine, y el aval se renovó en twenty twenty-four por el rey Charles the Third. Así que sí, hay aprobación real… pero la mejor prueba es que el taller sigue siendo taller. Los zapatos, al final, no mejoran solo con aplausos. Ha habido cambios. En May twenty twenty-five, la familia Barltrop vendió un setenta y uno por ciento a James Fayed, de Turnbull and Asser, y a Roberto Menichetti, mediante su vehículo Blu Heartknot, cerrando casi dos siglos de control familiar directo. Aun así, los Barltrop siguen implicados en la gestión… muy propio de Northampton: cambia el papel si hace falta, pero que el trabajo siga siendo honesto. Desde aquí, continúa hacia Crockett and Jones, en Perry Street y Magee Street; está a unos seis minutos a pie.
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Crockett & Jones
Compra el tour para desbloquear las 16 pistasAquí va una de las grandes historias de origen de Northampton… y, sí, empieza con una solicitud de préstamo. En eighteen seventy-nine, dos cuñados, James Crockett y Charles…Leer másMostrar menos
Aquí va una de las grandes historias de origen de Northampton… y, sí, empieza con una solicitud de préstamo. En eighteen seventy-nine, dos cuñados, James Crockett y Charles Jones, consiguieron cada uno cien libras del Sir Thomas White Loan Charity. Sir Thomas White creó el fondo en fifteen forty-two, y Northampton empezó a conceder estos préstamos en sixteen oh nine. La idea era tan simple como brillante: prestar dinero a jóvenes artesanos para que arrancaran, sin cobrar intereses, y darles nueve años para devolverlo. Con esas doscientas libras nació la empresa. Hoy, Crockett and Jones exporta a unos treinta países. Nada mal para un poco de papeleo y “buenas referencias”. Desde aquí, el edificio se lee como una línea del tiempo hecha de ladrillo y vidrio. El primer gran bloque se levantó entre eighteen eighty-nine y eighteen ninety, diseñado por Charles Dorman. Si te fijas, todavía se distingue “Crockett and Jones” tallado en el friso de piedra, justo bajo las ventanas de la primera planta. En eighteen ninety-six, Alexander Anderson amplió el conjunto. El salto grande llegó en nineteen ten, cuando Brown and Mayor proyectó la extensión alta con estructura de acero… probablemente el primer edificio industrial de Northampton con armazón de acero. ¿Por qué importa? Porque el acero permite abrir los muros y llenarlos de luz: siete tramos de ventanales de muchos cristales, como si un tejado de “diente de sierra” se hubiera puesto de pie. Todo pensado para iluminar de forma pareja las salas de trabajo. Aquí “clicking” no es hacer clic: es cortar las piezas de cuero. Y “closing” es coser esas piezas para formar el empeine del zapato. En resumen: una fábrica diseñada para que las manos vieran bien lo que hacían. En nineteen thirty-five, F H Allen remató otra fase: movió la entrada principal a Perry Street y añadió una fachada de oficinas y sala de exposición, más elegante, con un toque Art Deco. Es un edificio que trabaja… pero también sabe presentarse. Y vaya si trabajaba. En la Primera Guerra Mundial, esta fábrica se convirtió en una máquina de hacer botas: más de seiscientas mil pares en un solo año, y más de un millón a lo largo de la guerra. Imagina la cadena: los cortadores, las mujeres en las salas de costura con máquinas, los “lasters” tensando el cuero sobre una horma, que es un molde de madera con forma de pie, y los acabadores recortando y puliendo cantos. Cuatro oficios, una sola cadencia. Lo raro aquí es la continuidad. La familia Jones ha dirigido la empresa sin interrupción: de Charles a Frank, Gilbert, Richard, Jonathan y, ahora, Philippa y William. Esa memoria larga les ayudó a aguantar décadas difíciles, seguir siendo independientes y, en twenty seventeen, recibir un Royal Warrant como fabricantes de calzado. Antes de seguir, mira esos ventanales largos… y piensa qué se adivina detrás: el corte, la costura, el acabado. Cuando quieras, continúa hacia Campbell Square; está a unos seis minutos… y llévate esa imagen de luz alta cayendo sobre bancos llenos de cuero, herramientas y manos expertas.
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Campbell Square
Compra el tour para desbloquear las 16 pistasA tu izquierda está el lugar donde el oficio del calzado en Northampton cambió las reglas. En mil ochocientos cincuenta y siete, Isaac Campbell and Company levantó aquí, en la…Leer másMostrar menos
A tu izquierda está el lugar donde el oficio del calzado en Northampton cambió las reglas. En mil ochocientos cincuenta y siete, Isaac Campbell and Company levantó aquí, en la esquina de Campbell Square con Victoria Street, una fábrica de ladrillo de varias plantas. La llenaron de “closing machines”, unas máquinas de cierre que cosían la parte superior del zapato, la pieza que envuelve el pie, antes de unirla a la suela. Fue la primera fábrica de botas de interior, de verdad. Los vecinos la bautizaron como el “almacén monstruo”... con cariño, claro. A finales de mil ochocientos cincuenta y siete, la Mutual Protection Society propuso plantarse ante esas máquinas; en mil ochocientos cincuenta y ocho organizó formalmente la huelga contra la maquinaria. Los fabricantes respondieron con una lógica implacable: mandaron el trabajo a Leicester. Para mediados de mayo, los hombres de Northampton estaban derrotados, y Leicester se quedó con los pedidos desviados. Luego el futuro se instaló. En mil ochocientos sesenta y uno, Turner Brothers tomó el control, y en mil ochocientos sesenta y cinco, los motores de vapor empujaban la producción a cien mil pares por semana. El viejo sistema de coser en salones y cobertizos perdió la partida. Desde aquí, Roadmender queda a unos ocho minutos a pie.
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Roadmender (nightclub)
Compra el tour para desbloquear las 16 pistasA tu izquierda, fíjate en un edificio de ladrillo bien sólido, con una fachada ancha y rectangular y el nombre Roadmender colocado al frente... Para un sitio con tanta historia…Leer másMostrar menos
Abrir página dedicada →A su izquierda, busque un edificio de ladrillo resistente con una fachada rectangular amplia y el nombre Roadmender colocado en el frente.
Para ser un lugar con tanto ruido en su historia, el exterior es casi sospechosamente sensato. Eso es parte del encanto. El Roadmender no comenzó en absoluto como un lugar de rock, y nunca fue un club juvenil genérico con una mesa de ping-pong y buenas intenciones. Comenzó su vida para los “chicos y chicas sin cuello” de los Boroughs de Northampton: jóvenes de clase trabajadora, aquellos que iban directamente a trabajar en lugar de a oficinas con corbata y carreras brillantes. Su nombre proviene del libro devocional de mil novecientos dos de Michael Fairless, The Roadmender, que suena lo suficientemente piadoso, pero aquí la idea se volvió práctica: dar a los jóvenes un lugar al que pertenecer.
Para mil novecientos treinta y siete, el club tenía casi cuatrocientos miembros. Eso no es algo menor; es una pequeña fuerza social. El Duque de Gloucester fue presidente nacional del movimiento Roadmender más amplio, mientras que el Conde Spencer presidió la rama de Northampton. Entre el patrocinio real en la cima y la dura necesidad local en el terreno, la ciudad encontró la voluntad de construir este hogar hecho a propósito aquí en Lady’s Lane. El arquitecto Dalgleish lo diseñó, y el edificio abrió sus puertas en octubre de mil novecientos cuarenta, justo al borde de la guerra. Durante la guerra, incluso sirvió como cuartel general de la Home Guard. Nada mal para un lugar fundado para niños que se sentaban en cajas de madera de naranja porque los muebles adecuados eran un lujo.
Lo que importa es que la misión original nunca desapareció del todo. En la década de mil novecientos ochenta, Roadmender todavía realizaba trabajos artísticos comunitarios -impresión, textiles, música, teatro- especialmente para jóvenes desfavorecidos. Pero también se convirtió en algo más grande, más ruidoso y mucho más sudoroso: la gran sala de música de Northamptonshire. Desde principios de los ochenta hasta finales de los noventa, esta fue la parada clave de las giras entre Londres y Birmingham. Radiohead tocó aquí. También Metallica, Oasis, Manic Street Preachers, Blur, Pulp, Travis. Si trabajabas en el sector del calzado, la ingeniería, el ferrocarril o en la fábrica, este era el lugar que tomaba la presión de la semana y la convertía en volumen.
Y a veces en absurdo. My Bloody Valentine tocó aquí en mil novecientos ochenta y ocho con un volumen tan abrumador que Peter Kember de Spacemen Three lo llamó más tarde un “cambio cuántico”, lo que significa que la banda parecía convertirse en algo completamente distinto a través del puro sonido. Eso se siente muy Roadmender: parte proyecto juvenil, parte ayuntamiento, parte glorioso escándalo.
Ha sobrevivido a cierres, deudas, relanzamientos y al tipo de riesgos financieros que harían que un gerente de banco buscara una silla. Roger Daltrey y Jools Holland ayudaron a relanzarlo en mil novecientos noventa y dos. Nuevos propietarios lo rescataron de nuevo después de dos mil cinco. Desde dos mil nueve, Dave Norris y Natalie Norris-Lee lo han guiado a través de crisis modernas, incluyendo cierres por pandemia, y lo han mantenido vivo como el único lugar importante de música en vivo en el centro de Northampton. Si desea vislumbrar esa historia continua, eche un vistazo a la imagen en su pantalla: el salón sigue haciendo exactamente lo que debía hacer, reuniendo a la gente y dejando salir el ruido.
Cuando esté listo, diríjase a la Iglesia Reformada Unida de Castle Hill, a unos seis minutos de distancia, llevando consigo el eco del lugar donde terminó el turno.
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Castle Hill URC
Compra el tour para desbloquear las 16 pistasLa capilla de Castle Hill tiene más importancia de la que su tamaño deja ver. Se construyó en mil seiscientos noventa y cinco, y es la capilla “no conformista” más antigua que se…Leer másMostrar menos
La capilla de Castle Hill tiene más importancia de la que su tamaño deja ver. Se construyó en mil seiscientos noventa y cinco, y es la capilla “no conformista” más antigua que se conserva en Northampton… es decir, una capilla protestante que no pertenecía a la Iglesia de Inglaterra, y de las más antiguas que siguen en pie en todo el país. Entre mil setecientos veintinueve y mil setecientos cincuenta y uno, Philip Doddridge dirigió esta capilla y su academia. Su congregación era de cordwainers, o sea, zapateros. Venían de los barrios más modestos, y muchos apenas sabían leer. Doddridge les enseñó lectura junto con teología, y así el negocio de las botas ganó cabeza además de sueldo. Un hilo local: William Carey, luego famoso como misionero, todavía era un oficial zapatero -un trabajador ya formado, pero sin taller propio- cuando lo bautizaron en el cercano río Nene, en mil setecientos ochenta y tres. Si enseñas a zapateros a leer, organizarse y discutir… no te sorprendas cuando lleguen Bradlaugh, la huelga antimaquinaria de mil ochocientos cincuenta y ocho y los manifestantes de mil novecientos cinco. Esa historia política empieza aquí. Cuando quieras, sigue hacia la iglesia de Todos los Santos.
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10All Saints' Church, Northampton
Compra el tour para desbloquear las 16 pistasA tu izquierda, busca la iglesia de piedra clara: un pórtico clásico bien profundo, de esos con columnas que parecen decir “aquí mandan las líneas rectas”, y detrás una torre…Leer másMostrar menos
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Iglesia de Todos los Santos, NorthamptonPhoto: Thorvaldsson, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Cropped & resized. A su izquierda, busque la iglesia de piedra pálida con un profundo pórtico clásico, una torre cuadrada que se eleva detrás y una estatua del Rey Carlos II con vestimenta romana de pie sobre la fachada.
Todos los Santos le cuenta algo importante sobre Northampton: aquí, el comercio del calzado no solo llenaba talleres y fábricas... llegaba hasta el altar. Esta iglesia todavía celebra un servicio de acción de gracias cada veinticinco de octubre para los zapateros, trabajadores del cuero y curtidores, en honor a San Crispín y San Crispiniano, patrones de los zapateros. La tradición los recuerda como hermanos asociados con la zapatería y como mártires. Santos prácticos, se podría decir. A Northampton le gustaba eso.
Y este lugar necesitaba santos con resistencia. En septiembre de mil seiscientos setenta y cinco, el Gran Incendio arrasó Northampton y destruyó alrededor de setecientos de los ochocientos cincuenta edificios de la ciudad en aproximadamente seis horas. La antigua iglesia medieval aquí, entonces llamada All Hallows, cayó con el resto. Henry Bell de King’s Lynn se hizo cargo de la reconstrucción y le dio a la ciudad una iglesia al nuevo estilo de Londres, con fuertes ecos de Sir Christopher Wren. Así que lo que ve es una pieza de confianza posterior al desastre: ordenada, clásica, decidida a no parecer derrotada.
Si echa un vistazo a la imagen del antes y el después en la aplicación, puede ver cómo la gran fachada oeste mantiene su postura mientras la ciudad a su alrededor sigue actualizando su guardarropa.
Ahora levante la vista hacia esa figura sobre el pórtico. Ese es Carlos II, tallado por el escultor local John Hunt y vestido, con admirable modestia real, como un emperador romano. La estatua conmemora un paquete de rescate muy real. El rey le dio a Northampton mil toneladas de madera de los bosques reales y remitió siete años de ingresos por impuestos a las chimeneas para ayudar a reconstruir la ciudad. Así que esta fachada lleva una nota de agradecimiento en piedra... con una corona en la parte superior.
Si desea ver más de cerca el agradecimiento real, consulte la imagen de la estatua en su pantalla.
Una vista amplia del interior de la iglesia reconstruida, mostrando el luminoso espacio inspirado en Wren que fue consagrado en 1680.

Los tres coros de la Iglesia de Todos los Santos, que reflejan la larga tradición musical de la parroquia y los servicios corales regulares.Photo: Original uploader was G-Man at en.wikipedia, Wikimedia Commons, Public domain. Cropped & resized.
11Northampton Guildhall
Compra el tour para desbloquear las 16 pistasFíjate en esa fachada larga de piedra clara, estilo gótico: arcos apuntados, una torre de reloj bien marcada y, entre las ventanas de arriba, una fila de figuras talladas que…Leer másMostrar menos
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Northampton GuildhallPhoto: Chris Nyborg, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Cropped & resized. n/a

El patio de la extensión este de 1992, parte de la expansión moderna que ahora alberga las estatuas de bronce de los personajes históricos.Photo: Mickyflick, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Cropped & resized. 
La placa conmemorativa de Diana en el Guildhall, que marca su Libertad del Municipio en 1989 y la conexión duradera de la ciudad con ella.Photo: Richard Kelly, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Cropped & resized.
12Northampton Museum and Art Gallery
Compra el tour para desbloquear las 16 pistasA tu derecha tienes un edificio largo de ladrillo rojo y piedra, con ventanales altos y rectangulares. Pegado a él, una ampliación moderna de vidrio y arenisca, rematada por un…Leer másMostrar menos
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Museo y Galería de Arte de NorthamptonPhoto: StJaBe, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Cropped & resized. Esa expansión costó seis millones setecientas mil libras, y el dinero vino acompañado de una larga sombra. En dos mil catorce, el ayuntamiento vendió la antigua estatua egipcia de Sekhemka por quince millones setecientas sesenta mil libras. La venta causó indignación pública, planteó serias dudas sobre si la estatua debería haber sido tratada alguna vez como un activo y le costó al museo su acreditación del Arts Council durante años. El edificio que ve ahora es parte del resultado: mejorado, más grande y vinculado a una discusión que la ciudad aún no ha terminado de tener.
Dentro, sin embargo, la colección se gana su lugar. Alberga más de quince mil pares de zapatos, una de las colecciones más grandes del mundo. Si observa la imagen del interior, puede ver cómo esa historia se desarrolla ahora en el nuevo espacio de la galería. Y no se trata solo de calzado famoso, aunque los zapatos de boda de la reina Victoria, las imponentes botas de Elton John y las botas rojas de Kinky Boots hacen su entrada. La historia más profunda pertenece a las personas que trabajaron. Los trabajadores anónimos que cosían en casa. Las mujeres de la sala de cierre que cosían palas. La cadena de cuatro pasos de cortador, cerrador, hormador y acabador. Los trabajadores de fábrica que fabricaron millones de botas militares en Northamptonshire durante la Primera Guerra Mundial. Los fabricantes de Raunds, de los grandes talleres, del comercio de ribete Goodyear que le dio a esta ciudad su paso.
That is the quiet triumph here. In the old prison vaults, the last word no longer belongs to warders, magistrates, or donors. It belongs to the workers, and the cells below have turned from places of confinement into rooms of remembrance.

The museum’s main entrance on Guildhall Road, home to Northampton’s celebrated shoe collection since the 1884 move to the old county gaol site.Photo: StJaBe, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Cropped & resized.
Preguntas frecuentes
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Después de la compra, descarga la app AudaTours e ingresa tu código de canje. El tour estará listo para comenzar de inmediato - solo toca play y sigue la ruta guiada por GPS.
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¡No! Descarga el tour antes de empezar y disfrútalo completamente sin conexión. Solo la función de chat requiere internet. Recomendamos descargar en WiFi para ahorrar datos móviles.
¿Es un tour guiado en grupo?
No - esta es una audioguía autoguiada. Exploras de forma independiente a tu propio ritmo, con narración de audio reproduciéndose en tu teléfono. Sin guía, sin grupo, sin horario.
¿Cuánto dura el tour?
La mayoría de los tours toman 60–90 minutos para completar, pero tú controlas el ritmo completamente. Pausa, salta paradas o toma descansos cuando quieras.
¿Qué pasa si no puedo terminar el tour hoy?
¡No hay problema! Los tours tienen acceso de por vida. Pausa y continúa cuando quieras - mañana, la próxima semana o el próximo año. Tu progreso se guarda.
¿Qué idiomas están disponibles?
Todos los tours están disponibles en más de 50 idiomas. Selecciona tu idioma preferido al canjear tu código. Nota: el idioma no se puede cambiar después de generar el tour.
¿Dónde accedo al tour después de comprarlo?
Descarga la app gratuita AudaTours desde App Store o Google Play. Ingresa tu código de canje (enviado por email) y el tour aparecerá en tu biblioteca, listo para descargar y comenzar.
Si no disfrutas el tour, te reembolsamos tu compra. Contáctanos en [email protected]
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