A tu izquierda está The Deco... aunque mucha gente de Northampton todavía lo llama por sus vidas anteriores: el Savoy y, más tarde, el A-B-C. Abrió sus puertas un sábado, el dos de mayo de mil novecientos treinta y seis, con esa seguridad de edificio que parece decir: “tranquilos, yo me encargo del espectáculo”. El arquitecto W. R. Glen, diseñador interno de Associated British Cinemas, o sea, la cadena de cines Associated British, le dio un aire de Modernismo Internacional: líneas limpias, curvas con carácter y cero ganas de disfrazarse de Roma antigua. La modernidad llegó a Abington Square y pidió butaca.
Y llegó rápido. Lo construyeron en menos de nueve meses, justo donde antes estaba el antiguo Technical College. Así que un tipo de educación se mudó... y entró otro: menos álgebra, más Hollywood. A esto lo llamaron “catedral del cine”, que suena un poco dramático... pero tampoco iban tan desencaminados.
Dentro, el auditorio original rozaba las dos mil personas: seiscientas noventa y seis en el “circle”, la grada o anfiteatro de arriba, y mil doscientas en la “stalls”, las butacas de la platea de abajo. Y aquí va el detalle que los vecinos te sueltan como quien no quiere la cosa: Glen lo diseñó desde el principio para cine y para teatro, así que incluyó un foso de orquesta, ese hueco frente al escenario donde se coloca la música en directo. Vamos, que no era solo una sala con pantalla: era un lugar pensado para actuar, deslumbrar y llenar de gente.
Y eso encajaba con la ciudad. Tras el pitido de la fábrica del sábado, zapateros, trabajadores a domicilio -los “outworkers”, que hacían trabajo de taller desde casa-, operarios y dependientes venían a gastarse el sueldo de la semana en glamour, canciones, chistes, un beso en la última fila y una estrella de cine del tamaño de una pared.
En los años cincuenta, el Savoy adoptó la marca del grupo y pasó a ser el A-B-C. En mil novecientos setenta y cuatro, dividieron la gran sala única en un complejo de tres pantallas: cirugía práctica, sin sentimentalismos. Aguantó como el Cannon hasta mil novecientos noventa y cinco, cuando el nuevo multiplex de Sixfields -un cine grande con muchas salas- se llevó al público. Tras cinco años a oscuras y tapiado, reabrió en octubre de dos mil cuatro como espacio multiusos. Northampton hace bien eso... conservar los huesos y cambiar el oficio.
Y luego están las noches de los Beatles. Tocaron aquí dos veces en mil novecientos sesenta y tres, ambas en miércoles. El veintisiete de marzo aún eran teloneros de Tommy Roe y Chris Montez. Para el seis de noviembre, volvieron como cabeza de cartel en su gira de otoño por Inglaterra e Irlanda. Una placa azul junto a la entrada recuerda las dos visitas. Esa segunda noche sonaron temas como She Loves You y Twist And Shout, y durante unas horas el ruido que salía de este edificio tuvo poco que ver con la disciplina de fábrica y mucho con el delirio adolescente. Distinto ritmo, misma liberación.
En unos ocho minutos iremos hacia Lower Mounts, la puerta de entrada al Boot and Shoe Quarter, donde la Northampton trabajadora vuelve a verse con toda claridad.



