Quédate aquí un momento y mira Lower Mounts como si fuera una costura en Northampton: no es del todo el casco antiguo, pero tampoco es aún el este industrial en pleno. Es la unión entre dos mundos... y se nota.
El nombre, de hecho, viene de cuando la ciudad se tomaba la defensa muy en serio. Cerca de aquí, junto a la antigua East Gate, durante la Guerra Civil se levantaron montículos de tierra, terraplenes, para proteger Northampton. La mayoría desapareció hace mucho, pero el relieve se quedó. Así que esta pendiente no es casualidad: es historia con forma de suelo.
Hace doscientos años, por aquí había campos abiertos. Y luego, entre aproximadamente mil ochocientos cuarenta y mil ochocientos ochenta, el cambio fue a toda velocidad. Aparecieron calles llenas de “leather dressers”, que eran artesanos que preparaban y trataban el cuero; capillas, pubs, clubes obreros, hileras de casas adosadas y fábricas pegadas unas a otras. En una generación, los Mounts se convirtieron en el taller de Northampton.
Lo interesante es lo que sigue en pie. En dos mil once, el ayuntamiento creó el Boot and Shoe Quarter Conservation Area para protegerlo, incluyendo las calles entre los Mounts, Kettering Road, Lower Mounts y el borde del Racecourse. Suena a documento que no quiere mirarte a los ojos... pero importa: es el distrito industrial zapatero conservado más denso de Inglaterra, con aproximadamente un setenta por ciento de sus edificios comerciales originales todavía en pie.
Y ojo: no todo ocurría en fábricas. En estas calles laterales, detrás de puertas normales, una “closer” -la persona que cosía las piezas superiores del zapato- podía pasarse el día trabajando en el salón. Singer triunfó no solo por la máquina de coser, sino por el alquiler semanal: sin necesitar el dinero de un patrón, podías rentar una máquina y producir desde casa. Ese detalle, pequeño y muy práctico, cambió el oficio.
Ahora mira hacia los bloques grandes. Por Overstone Road y St Michael’s Road, la industria se lee en ladrillo: fábricas clásicas de tres plantas, pegadas a la acera, con ventanales altos para dar luz a los trabajos más finos. Ahí se entiende que Northampton no solo hacía zapatos... también quedó moldeada por ellos.
Desde aquí vamos hacia la fábrica G-T Hawkins, a unos seis minutos a pie, donde esa historia industrial se ve con todas las letras.



