Vale, preciosa parada número doce: Hill House School. Ahí la tienes… un edificio con cara de “aquí se forman futuros líderes” y, al mismo tiempo, “aquí se pierde el bocadillo tres veces por semana”. Y sí, el uniforme es imposible de ignorar: esos jerséis gruesos, dorados, de punto trenzado… con knickerbockers, que son esos pantalones bombachos que quedan por debajo de la rodilla, en color granate. Y rematando, una cravat: una corbata tipo pañuelo, más de novela inglesa que de recreo. Hasta una paloma de Hyde Park se quedaría mirando.
Hill House, con su nombre completo Hill House International Junior School, nació en mil novecientos cuarenta y nueve… pero no en el Reino Unido. Empezó en Suiza, en un lugar llamado La Colline. El fundador fue el teniente coronel Stuart Townend, para los alumnos “el Coronel”. Y entre nosotros… elegía a los niños según qué madres le caían mejor. Un proceso de admisión muy académico, desde luego.
En mil novecientos cincuenta y uno los Townend se instalaron en Londres y la escuela se extendió por Kensington y Chelsea a toda velocidad. Y la conexión suiza sigue viva: los mayores todavía van de viaje a un chalet en Glion, con geografía, arte y esquí. Vamos, que algunos vuelven con acuarelas y otros con una nueva relación con la gravedad.
Hoy es la escuela junior más grande de Londres: niños de sesenta países. Muchos hablan dos o tres idiomas… lo cual hace que mi francés de pedir patatas fritas suene todavía más triste. En dos mil dos ya había más de mil cien alumnos por estos pasillos.
El uniforme lo diseñó Beatrice Townend, la esposa del Coronel. Decía: “los uniformes grises crean mentes grises”. Así que aquí tienes dorado, granate y una mochila en verde “British racing green”, el tono clásico del automovilismo británico. Perder a un niño así en una multitud es casi imposible… salvo que se esconda detrás de un autobús Routemaster.
Dato real con brillo real: el príncipe Charles, hoy el rey Charles tercero, hizo aquí su primer trimestre por sugerencia del primer ministro Harold Macmillan. Fue el primer heredero educado en un colegio “normal”, no solo con tutores y disciplina militar, y salió en los periódicos.
Y no pienses que era todo formalidad: Peter York y Ann Barr lo metieron en The Sloane Ranger Handbook, describiéndolo como “de aire libre, musical” y perfecto para “extrovertidos con energía”. El Coronel incluso apareció en el programa de Wogan, y también hay un documental llamado Knickerbockers in Knightsbridge.
Por aquí pasaron Lily Allen, Anya Taylor-Joy, Mark-Francis de Made in Chelsea y media familia Rees-Mogg. Así que, si ves por King’s Road un jersey dorado con bombachos granates, saluda con la cabeza… quizá estés cruzándote con el próximo primer ministro. O, con suerte, con el campeón del festival escolar de flauta dulce. Y ahora sí… vamos a la siguiente parada.



