Justo delante verás un edificio alto de piedra blanca, con filas de balconcitos repetidos como si alguien los hubiera copiado y pegado hasta el infinito. Fíjate en la torre de diecisiete plantas, pegada a Cadogan Place… imposible no verla.
Ahora, acércate un poco y échale un ojo a The Carlton Tower Jumeirah. Esto es Knightsbridge en estado puro: un barrio famoso por ser elegante, caro y con tiendas que te hacen mirar dos veces el precio… por si era una broma.
El hotel abrió en mil novecientos sesenta y uno, cuando Londres todavía estaba redefiniendo su modernidad a golpe de hormigón y ambición. Nació como The Carlton Tower y, desde entonces, ha ido cambiando de manos como si fuera una antorcha olímpica, pero con servicio de habitaciones. Primero lo llevaron los estadounidenses de Sonesta Hotels, que por un tiempo lo rebautizaron como Sonesta Tower. Luego pasó por Lex Hotels y, en los años ochenta, entró el equipo de Hyatt.
Hoy lo gestionan Jumeirah, una cadena de los Emiratos Árabes Unidos, y en dos mil diecinueve le hicieron una renovación de cien millones de libras. Sí, “renovación” aquí significa prácticamente reinventarlo. Reabrió en dos mil veintiuno con su nombre actual, a un paso de Hyde Park, Harrods y las tiendas más exclusivas de Knightsbridge.
Dentro hay ciento ochenta y seis habitaciones y ochenta y ocho suites… una “suite” es básicamente una habitación ampliada, a veces con sala de estar, para vivir tu fantasía de película. Para comer, tienes Al Mare, italiano con el chef Marco Calenzo, y The Chinoiserie, con opciones durante todo el día. Y si te pica el gusanillo deportivo: Peak Fitness Club and Spa, con premios, una piscina enorme y dos pistas de tenis.
No todo es brillo: en dos mil nueve, la prensa habló de un banquero que entró… y no salió. Aun así, entre historia, vistas y reputación, este hotel ya es parte del paisaje de Knightsbridge.



