Para encontrar el Palazzo dell’Arengo, sólo mira hacia un gran edificio de ladrillo con arcos altísimos en la planta baja y una fila de ventanas junto a una muralla con dientes en la parte superior, justo en la Piazza Cavour.
Imagina el bullicio de la plaza hace cientos de años: el sonido de las voces, el golpeteo de los bastones y hasta el murmullo nervioso de quienes entraban y salían por estos enormes arcos. El Palazzo dell’Arengo fue, nada menos, que el corazón donde se reunía el pueblo de Rímini para tomar decisiones importantes. Piensa que en el año 1204, cuando Mario de Carbonesi decidió crear ese maravilloso loggiato, probablemente nunca imaginó cuántas historias escucharían estos muros de ladrillo.
Ahora, ¿ves esas escaleras y los arcos? En aquellos tiempos, justo ahí, los notarios ponían sus escritorios y la justicia se administraba directamente frente a todos. Y si te crees que las multas de hoy son duras, escucha esto: había una gran piedra llamada el “lapis magnum” donde los que no pagaban sus deudas tenían que sentarse y… ¡dar tres golpecitos con el trasero desnudo mientras confesaban su fracaso! Así que, si alguna vez llegas tarde al pago de una pizza en Rímini, ¡ya sabes, podrías haber tenido un destino mucho peor!
En la planta de arriba, el aire huele a historia y arte, con frescos medievales que tal vez fueron testigos de secretos y conspiraciones. Y, para completar la película, el palacio tiene una torre campanaria que fue cárcel. Así que, si alguna puerta suena extraña, ¡no te asustes! Quizá sea sólo un fantasma risueño de la Edad Media.



