A tu izquierda, busca un edificio claro y elegante de dos plantas, con ventanales en arco en la planta baja y pequeños balcones con balaustradas, además de una logia con arcos en la esquina.
Esto es el Palazzo Spinelli, una de esas piezas “liberty” -el Art Nouveau italiano- que no necesitan gritar para que las mires. Está plantado junto al Lungomare, entre edificios vecinos como quien ocupa su lugar en la mesa desde hace un siglo… y lo hace con buenos modales.
La historia tiene un giro simpático: el proyecto llegó a la Comisión de Edificación en julio de 1920 firmado por el ingeniero Pietro Spinelli, que además era el propietario. Pero el diseño, el que tiene la mano fina, se atribuye al ingeniero Gino Zani. Ya sabes: en arquitectura a veces firma el que paga y dibuja el que sueña. Zani aquí cambia la típica “arquitectura de autoridad” por otra cosa: elegancia, detalles delicados y proporciones que no aplastan al peatón.
Mira el frente: en el centro se adelanta un poco el cuerpo principal, con un gran acceso en arco de medio punto y decoración floral. Encima, ventanas con ménsulas y marcos trabajados. En los lados, la planta baja está más “pesada”, con ese aire de basamento, y luego aparecen los arcos, las columnas y las balconadas con motivos geométricos. Y en la esquina… esa veranda amplia, casi un abrazo al mar, pensada para un jardín colgante y hierro forjado con gusto.
Por dentro -cuando fue sede del rectorado de la Universidad Mediterránea- imagina un patio-jardín tras la reja artística, un vestíbulo amplio, techo de madera con casetones, y una escalera también de madera subiendo con calma. Incluso había una sala de reuniones con chimenea y mobiliario original. Un palacio que, sin hacer drama, te recuerda que la “Reggio bella y gentile” existió… y todavía se deja ver.



