A tu derecha verás un edificio largo y claro, de dos plantas, con una base de piedra marcada y una fila de ventanas: en el centro asoma un tramo apenas más alto que lo delata.
Este es el Palazzo Zani, y su aspecto ya te suelta una pista: aquí mandaba la “seriedad” arquitectónica. Durante la gran reconstrucción de Reggio Calabria, cuando la ciudad se rehacía a conciencia, el ingeniero Gino Zani -sammarinese, o sea, venido de la pequeña San Marino con ambición de grande- diseñó este palacio y varios más. En 1920 presentó el proyecto, y lo que ves hoy sigue esa idea: un bloque imponente, bien plantado, ocupando toda una manzana y adaptándose al desnivel que baja hacia el mar.
Fíjate en la planta baja: ese “bugnato”, la piedra trabajada en relieve, le da un aire de fortaleza amable. Las ventanas son de arco, con esa clave alargada en la parte superior, como si cada hueco llevara su propio broche. En las esquinas, las aperturas se vuelven más teatrales: ménsulas que sostienen el arco semicircular y un frontón decorado… porque, claro, hasta los edificios públicos querían “vestirse” para pasear.
Arriba el ritmo se ordena con pilastras y grandes ventanas rectangulares; remata un cornisón contundente y una balaustrada de cemento alrededor de la azotea, como un cinturón bien apretado. Antes fue el Palacio del Genio Civil; hoy aloja la Facultad de Derecho. Nada dice “ley” como un edificio que parece incapaz de moverse un milímetro.
Dato práctico: la entrada frontal no es accesible en silla de ruedas, pero se puede entrar por la calle paralela del lado de Vittorio Emanuele, en el número 119.
Cuando quieras, el Lungomare Falcomatà está a 1 minuto caminando hacia el nordeste.



