Ahí lo tienes: el Teatro Comunale Francesco Cilea. Incluso desde fuera se nota que quiso “vestirse bien” para la ciudad… con líneas inspiradas en lo clásico, por deseo del alcalde Giuseppe Valentino. La idea era bastante clara: que Reggio no fuera solo reconstrucción y urgencia, sino también un guiño elegante a su pasado de Magna Grecia. Porque si vas a levantar edificios nuevos, al menos que parezcan de una ciudad con buena memoria.
Estás en un punto muy teatral también por ubicación: frente al Palazzo San Giorgio, en una manzana completa. Y dentro de Calabria, este es el grande: alrededor de 1.500 asientos. O sea, el lugar donde una ovación suena como una tormenta y un silencio se siente… personal.
Pero antes de que existiera este teatro, Reggio ya había probado el drama, y no solo en el escenario. En 1818 se inauguró el Real Teatro Borbonio, pensado en tiempos de Murat y llevado a la realidad por el ingeniero reggino Stefano Calabrò Anzalone. Era un símbolo de capitalidad regional: “Somos importantes, y tenemos teatro”. Luego llegó 1908 y el terremoto fue de esos que no discuten: el Borbonio quedó tan dañado que terminó demolido.
Y por si fuera poco, también existía una estructura más veraniega y popular, la Arena Garibaldi, un “baraccone” para entretener a la gente en los meses de calor. También desapareció con el mismo terremoto. Así que la ciudad se quedó sin escenarios… justo cuando más necesitaba uno para recomponerse.
En 1913 se colocó con ceremonia la primera piedra del Teatro Garibaldi, con empuje político incluido: el ministro Giuseppe de Nava movió hilos, y el proyecto lo firmó su primo, Pietro de Nava. Empezó bien… hasta que la Primera Guerra Mundial y la falta de recursos lo dejaron a medias. El sitio incluso acabó usado como maneggio, una especie de lugar para montar a caballo. De la ópera al trote, cosas de la vida.
El Cilea, el que tienes ahora delante, se levantó por etapas y se inauguró en 1931, ya como parte de la reconstrucción de Reggio. Lleva el nombre del compositor calabrés Francesco Cilea, nacido en Palmi: un homenaje local, con orgullo sin necesidad de gritar.
Por dentro, el teatro cambió de piel en los años sesenta: la sala original neoclásica dio paso a una modernista, en forma de herradura, con tres niveles de palcos, un gallinero arriba y un palco real bien plantado en el centro. En 1964 lo reinauguraron con Verdi, Il Trovatore, y el edificio se volvió de los más funcionales y finos de Italia. Y un detalle muy Reggio: en el primer piso está la Pinacoteca cívica, con obras reunidas por donaciones, legados y compras… arte guardado como quien guarda historias de familia.
La vida del teatro también tuvo sus tropiezos: en 1985 declararon parte inhabilitable, sobre todo los palcos, por obras y normas contra incendios. Siguió funcionando con limitaciones hasta 1994, y recién en 1996 arrancaron reformas que tardaron casi dieciocho años en devolverlo plenamente a la ciudad. En Italia, cuando dicen “un momento”, conviene sentarse.
Cuando estés listo, el Palacio Melissari Musitano está a 1 minuto caminando hacia el suroeste, y queda a la izquierda.



