Vas a reconocer el Palacio Melissari Musitano por su larga fachada color crema, con grandes arcos en la planta baja y balcones de barandilla de piedra en el primer piso… míralo en la esquina, siguiendo la línea del Corso.
Ahora, quédate un segundo con esa idea de “fachada perfecta”. Porque este edificio, aunque se ve como una sola pieza, en realidad es un pequeño truco urbano… hecho con reglas y un poquito de orgullo familiar. Reggio, después del terremoto de 1908, tuvo que reinventarse a toda prisa. El viejo palacio de los Melissari, del siglo XVIII, se vino abajo. Y en 1912, en esta esquina, el ingeniero A. Fabrizio levantó la parte sur con un estilo serio y neoclásico… pero con detalles modernitos, tipo Liberty, en las decoraciones. Porque incluso cuando estás reconstruyendo una ciudad, también quieres que se note que tienes buen gusto.
Mira la planta baja: ese “almohadillado” liso, como bloques bien peinados, y los portales de arco redondo enmarcados por piedra en forma de diamante. El acceso principal, hacia el Corso, se pone elegante con dos columnas de capiteles jónicos sosteniendo el balcón central, como diciendo: aquí se entra con cierta dignidad.
Luego vino el giro: en 1924, la familia Musitano construyó la parte norte. ¿Y cómo evitar que pareciera un collage? El reglamento municipal de 1911 obligaba a mantener una imagen unitaria en el centro. Así que el ingeniero Lazzarino repitió el diseño del frente… mismo ritmo de pilastras jónicas, mismos balcones, misma cornisa con ménsulas talladas y balaustrada arriba. Resultado: dos propiedades distintas, una sola “cara” para la ciudad.
Cuando estés listo, el Edificio de la Cámara de Comercio está a 1 minuto caminando hacia el suroeste.



