Vas a reconocer el Palacio Guarna por esta esquina elegante y clarita, con balcones de balaustrada y ventanas con marcos muy decorados; míralo de frente, en el ángulo del edificio, donde el balcón “abraza” la esquina.
Este palacio es de esos que no necesitan levantar la voz para imponer respeto... aunque sus adornos sí que tienen algo que decir. Se empezó a construir en 1921, en pleno centro de Reggio Calabria, ocupando parte de una manzana entre la avenida principal y un par de calles laterales. Y aquí viene el giro: al excavar para los cimientos, los obreros no encontraron solo tierra y piedras... encontraron Roma. Literalmente.
En 1922 salió a la luz un mosaico romano de época imperial, en blanco y negro, con escenas de gimnasio: dos atletas desnudos peleando en pankration, una especie de “vale todo” antiguo, mientras un juez con manto sostiene una palma, como diciendo: “buena pelea, pero no me rompan el suelo”. Al otro lado, otro par de atletas, quizá boxeando, y su entrenador-juez controlando el combate. Arriba, los nombres en griego... porque, claro, en el Mediterráneo la fama viajaba. Uno era Primoros, con nombre egipcio; el otro, Damas, un luchador conocido e hijo de otro campeón llamado Marco Antonio Damas. Profesionales itinerantes, como estrellas deportivas del imperio, solo que sin redes sociales y con más riesgo de nariz rota. El mosaico medía unos 3,55 por 5,50 metros y está fechado entre el 200 y el 225 después de Cristo; probablemente era el piso de la palestra de unas termas.
Y ahora mira el edificio: neoclásico en la estructura, pero con picardía liberty en las flores de las molduras. Porque si vas a construir encima de un gimnasio romano, al menos ponle buen marco.
Cuando estés listo, el Teatro Francesco Cilea está a 1 minuto caminando hacia el suroeste; lo encontrarás a la izquierda.



