A tu derecha verás un edificio compacto de piedra clara con arcos altos y, sobre todo, una cúpula redonda roja que sobresale como un sombrero bien visible contra el cielo.
Esta es la Iglesia de los Ottimati, también conocida como Santa María Annunziata… y sí, el nombre suena a club privado, porque en parte lo fue. “Ottimati” venía a ser la congregación de nobles de la época normanda: gente importante, apellidos importantes, y una fuerte necesidad de dejar constancia en mármol. Si te fijas, aquí se conservaron escudos de familias regginas como los Filocamo, Griso, Altavilla y Napoli… una especie de “firmas” de piedra diciendo: “Estuvimos aquí, y nos parecía buen momento para que lo supieras”.
Pero el lugar es muchísimo más antiguo que esos blasones. Los planos conservados por la autoridad arqueológica calabresa sugieren que el primer edificio nació en clave bizantina, alrededor del siglo X. Imagina una iglesia cuadrada, con tres ábsides orientados al este, y dentro… tres naves cubiertas por cinco pequeñas cúpulas. Era un modelo que se repetía en Calabria entre finales del X y el XI, como una receta local: simple, sólido, y pensado para durar.
Luego llegaron los normandos y, probablemente en tiempos de Ruggero II, decidieron “mejorarla” construyendo encima una segunda iglesia dedicada a San Gregorio Magno. Cambiaron las cupulitas por bóvedas de crucería… porque cuando el poder cambia, también cambia el techo.
La historia no se quedó quieta. El 3 de septiembre de 1594, una incursión sarracena dejó el edificio dañado e incendiado. Y con el fuego se perdió, entre otras cosas, un antiguo cuadro de la Anunciación. Así que los Ottimati encargaron una nueva pala de altar a un joven pintor florentino, Agostino Ciampelli. En diciembre de 1597 llegó desde Roma la nueva imagen de la Virgen Anunciada: un encargo caro para la época… y una manera muy eficaz de decir “seguimos en pie”.
Después vinieron más golpes: la supresión de los jesuitas en 1767 dejó la iglesia abandonada; en 1780 recibió protección de Ferdinando I de Borbone; y los terremotos de 1783 y 1908 la maltrataron sin piedad. En 1916 la desmontaron y la trasladaron por la reconstrucción urbana, y el templo actual se completó en 1933, siguiendo un proyecto de 1927.
Hoy ves una iglesia de estilo árabe-normando, de tres naves, con bóvedas de crucería y columnas centrales… y hasta piezas “prestadas” de otra basílica normanda destruida, Santa María di Terreti, para recomponer mosaicos y columnas perdidas. Reggio, cuando se cae, también sabe reconstruirse con lo que encuentra.
Cuando estés listo, la Cattolica de los griegos está a unos 6 minutos caminando hacia el nordeste.



