Vas a reconocer la Catedral por su gran fachada de piedra clara, con cuatro torrecitas a los lados y un rosetón redondo en el centro, justo encima de la escalinata principal que da a la plaza.
Quédate un segundo mirando esa cara “neo” medieval... porque esta iglesia es, en realidad, la versión más reciente de una historia con demasiados reinicios. Oficialmente se llama Basílica Catedral Metropolitana de María Santísima Asunta al Cielo, y sí: es el edificio religioso más grande de Calabria, en pleno corazón del casco histórico.
Ahora, imagínate Reggio hace casi mil años. A inicios del segundo milenio, la ciudad era un punto fuerte del mundo greco-bizantino. Pero en 1061 llegan los normandos de Roberto el Guiscardo y traen algo más que espadas: traen un cambio de “jefe” espiritual. Empieza la latinización, o sea, pasar del rito griego al marco de Roma. A la comunidad griega le dejan su antigua catedral, “La Cattolica”, y ordenan construir una nueva catedral bajo el Papa. Nada personal, solo administración.
De aquella primera gran catedral se cree que pudo ser una iglesia gótico-normanda de cinco naves, comparable en tamaño y forma a la catedral de Cefalú. Con el tiempo se le añadieron cosas: por ejemplo, en el siglo XV el arzobispo Antonio De Ricci mandó levantar un campanario, que hasta entonces probablemente no existía. Pero Reggio, ya verás, tiene una relación intensa con los desastres.
En el siglo XVI llegan incursiones turcas… dos veces saqueo e incendio. Reconstruyen, reconsagran, vuelven a restaurar. En 1741 se levanta otro templo, esta vez tardo barroco con guiños neoclásicos, en planta de cruz latina. Y luego, como si la tierra también quisiera opinar, el terremoto de 1783 lo golpea y toca reparar otra vez.
Pero el gran punto de giro es 1908: el terremoto que arrasó el estrecho dañó gravemente la catedral, y se decide reconstruirla por completo siguiendo el nuevo plan urbano. En 1913 el arzobispo Rousset impulsa la obra; el carmelita Carmelo Umberto Angiolini diseña un edificio de estilo neorrománico con técnicas antisísmicas, y se termina a tiempo para 1928, año en que Reggio celebra el Congreso Eucarístico regional y la catedral se reconsagra. En 1978, Roma le da el título de basílica menor… como quien pone una medalla después de sobrevivir a todo.
Mira la fachada: está dividida en tres partes y rematada por cuatro torres octogonales caladas con cruces. En el centro, una ventana triple y encima el rosetón, todo enmarcado con decoración floral tipo liberty, muy de la Reggio reconstruida. En la escalinata custodian el lugar dos estatuas: San Pablo, el “convertidor” legendario de la ciudad, y Santo Stefano de Nicea, considerado su primer obispo. Las esculpió Francesco Jerace: se hicieron en 1928 y se colocaron aquí en 1934.
Si entras, detalle curioso: en las vigas del techo hay unas doscientas esvásticas antiguas, pintadas en 1928. Antes de que nadie se asuste: son símbolos solares, de luz, usados desde hace siglos; aquí se leen como imagen del “amanecer” de Cristo, nada que ver con el siglo XX más oscuro.
Cuando estés listo, la Iglesia de los Ottimati está a 4 minutos caminando hacia el noreste.



