Bien, aquí lo tienes: San Domenico House. Lujo con un guiño italiano en pleno Chelsea. Mira esos dos edificios victorianos delante de ti, de ladrillo rojo y con esa elegancia británica que no se despeina. Durante años se llamó el Sloane Hotel, hasta el año dos mil seis, así que es normal que algún vecino todavía tire del nombre antiguo. En Londres hasta los hoteles llevan doble identidad...
Al entrar, el ambiente se pone muy “novela de misterio”: suelos de mármol, retratos de la realeza observándolo todo y más antigüedades de las que cabrían en el trastero de una abuela previsora. El propietario, Aldo Melpignano, tiene buen ojo para el detalle. El hotel forma parte del grupo San Domenico Hotels y, si te suena Borgo Egnazia en Italia, piensa en este lugar como su primo londinense, igual de refinado y un poco teatral.
La decoración mezcla lo neoclásico con lo italiano... como si alguien hubiera sentado a la ópera y a la etiqueta británica en la misma mesa. Verás vitrinas antiguas llenas de curiosidades: medallas militares, bolsos de noche y pequeños objetos que invitan a la indiscreción. En el salón aparecen relojes y jarrones de estilo Imperio, y hasta una cómoda con apliques de “ormolu”, que es bronce dorado, de ese que brilla como si cobrara entrada. Y un “tallboy” de nogal: un mueble alto, tipo sinfonier, no un árbol con complejo de modelo.
Hay seis habitaciones Gallery, famosas por sus altillos tipo mezzanine y camas con dosel de seda. ¿La habitación “marrón”, con mantas de pelo y cojines color chocolate? La suite ciento cuatro. Las más nuevas van de chic italiano, con espejos y cómodas que hasta harían levantar una ceja a la reina.
No tiene restaurante propio, pero el servicio de habitaciones sube comida a toda velocidad. Arriba, las suites de la última planta ofrecen juegos y servicio de canguro. Y sí: minibar en todas, pero sin alcohol dentro; llamas y el personal te lo gestiona.
Aunque solo estés mirando desde la acera, San Domenico House demuestra que Chelsea sigue vistiendo mejor que un sastre de Savile Row... Y quién sabe, quizá el fantasma del antiguo Sloane Hotel aún se asome entre las cortinas.



