AudaTours logoAudaTours

Parada 9 de 16

Saint Agostino

headphones 04:57 Compra el tour para desbloquear las 16 pistas
Saint Agostino

Para encontrar la Iglesia de Sant’Agostino, simplemente busca una imponente fachada de ladrillo rojo, sin apenas adornos, con una puerta de piedra gris enmarcada en grande y, si levantas la vista, verás un campanario alto y puntiagudo asomándose detrás del tejado.

Bienvenidos a uno de los rincones más fascinantes de Rímini. Imagina que retrocedes en el tiempo mil años: aquí donde hoy circulan bicicletas y se oye el bullicio de la ciudad, en el año 1069 ya se mencionaba una pequeña iglesia, dedicada entonces a San Giovanni Evangelista. Sí, aunque cueste creerlo, ¡este solar ya tiene más historia que el cajón de calcetines perdidos!

En el año 1256, apareció en escena una curiosa comunidad: los padres agustinianos, unos monjes que venían de Fano y a los que Rimini les abrió los brazos. El obispo Giacomo no solo les regaló la iglesia y las tierras, sino también una casa y una torre al lado -¡ni el Monopoly da tantas ventajas!- y, además, los eximió de casi toda obligación diocesana. Fue así como la iglesia se ganó el nombre popular de “Sant’Agostino”, aunque oficialmente seguía bajo la protección de San Giovanni.

El afán de los agustinos era tanto, que con donaciones y dotes que llegaban, ampliaron sus dominios “para edificar un monasterio” a toda prisa. Hubo ayuda hasta de varios papas, que les permitieron recibir no solo ofrendas, ¡sino también objetos mal habidos… siempre que no pasaran de 300 liras, claro! Era una época de luchas religiosas y los poderosos querían a los agustinos a favor, así que esta iglesia fue tomando un papel central tanto para la fe como para la política local.

En 1278 la iglesia ya estaba en obras, creciendo y creciendo… Pero, como suele pasar, no todo fue según lo planeado: hubo que modificar el diseño para que el edificio fuera simétrico y la fachada aún más alta. Fíjate en esos tres enormes ventanales ciegos, tapados y sin decoración: son testigos mudos de cómo la iglesia mutó de un estilo románico a un gótico sencillo, robusto, casi como una fortaleza espiritual, subrayada por el color rojo del ladrillo y esa ausencia de estuco que hoy todavía da un aire místico a la fachada.

Pero ni la arquitectura se libra de los vaivenes del destino. En 1308, un terremoto sacudió Rimini con tal fuerza, que aquí todos pensaron que la iglesia acabaría como un castillo de naipes. Los arreglos que siguieron contaron con la ayuda de la familia Malatesta, que buscaba ganarse a los monjes -y, de paso, algo de poder en las instituciones-. Si escuchas con atención, quizá todavía resuene el eco de los debates de aquellos años, cuando Rimini estaba llena de intrigas, católicos fervorosos y luchas entre herejes y clero.

En 1346, Malatesta el Guastafamiglia -con un nombre así tenía que ser travieso- convenció al gobierno para regalar a los agustinos la via Nova, permitiéndoles aumentar su monasterio, añadir biblioteca, colegio para novicios y estudios de renombre. Aquí se formaron, de hecho, dos figuras legendarias: el beato Tommaso y el gran teólogo Gregorio da Rimini.

La iglesia, por dentro, es otro viaje en el tiempo: los frescos de la escuela riminese adornaban hace siglos cada esquina, especialmente el coro y el arco triunfal, decorados por Giovanni da Rimini y sus hermanos. En la base del ábside y la capilla del campanario puedes encontrar aún restos de frescos dedicados a la Virgen y a la vida de San Giovanni y, por supuesto, a San Agustín. Si te asomas a las capillas laterales, verás estatuas en estuco creadas por el artista Carlo Sarti y bellos techos decorados por Ferdinando Bibiena.

Y, como en toda gran historia, no todo fue paz y arte. En el siglo XVII, la iglesia sufrió una transformación: un obispo exigió cubrir y “blanquear” las imágenes por estar ya envejecidas y algunas en estado deplorable -así que ¡brochazo baroco al canto y todos contentos! Los siglos pasaron, los agustinos permanecieron aquí hasta las leyes de Napoleón, que echaron a los monjes y cambiaron la vida del monasterio para siempre.

Para cerrar este recorrido, te cuento un pequeño secreto moderno: en 1974, las reliquias del beato Alberto Marvelli fueron trasladadas aquí desde el cementerio, dando a Sant’Agostino un lazo más con la memoria de Rimini.

Así que mírala bien: esta iglesia no solo es uno de los edificios más imponentes de la ciudad por su campanario -ese “dedo” que parece querer tocar el cielo- sino también un testimonio de cómo la historia, la fe y la vida de toda una ciudad pueden quedar grabadas en ladrillos y frescos. ¿Quién sabe? Quizá si tocas la puerta, todavía escuches el susurro de algún monje agustino afanado en su biblioteca...

arrow_back Volver a Tour de Audio por Rímini: Ecos de Emperadores, Artistas y Arenas Olvidadas
Amado por viajeros de todo el mundo

Miles de tours comenzados.
Y muchas opiniones.

4.8 en App Store y Google Play. Estos son los comentarios a los que siempre volvemos.

starstarstarstarstar
Esta fue una forma sólida de conocer Brighton sin sentirme como un turista. La narración tenía profundidad y contexto, pero no se excedía.
starstarstarstarstar
Empecé este tour con un croissant en una mano y cero expectativas. La app simplemente vibra contigo, sin presión, solo tú, tus auriculares y algunas historias geniales.
download Descargar la app

Ponte los auriculares.
Sal a la calle.

Gratis para descargar. Tours en cada ciudad. Empieza en 60 segundos — sin cuenta, sin tarjeta.

Download on the App StoreGet it on Google Play
starstarstarstarstar_half
4.8
AudaTours app icon
headphones
~ 4 min hasta que empiece tu primer tour
public
1,000+ ciudades en todo el mundo
all_inclusive
AudaTours
Unlimited

Cada tour. Cada ciudad. Una suscripción.

3101 tours2271 ciudades138 países50+ idiomas