Ya estás llegando al final de este paseo por Decré Cathédrale... y me gusta pensar que aquí Nantes se queda contigo de una forma muy sencilla. Escucha el roce de los pasos sobre la piedra, ese silencio que se arremolina junto a los muros de las iglesias antiguas, y el tintinear de vasos que se cuela por las calles estrechas... Todo descansa sobre capas, como un suelo hecho de recuerdos.
En este barrio, los nombres cambiaron, algunos muros cayeron, y se levantaron santuarios, es decir, lugares de refugio y de fe. Y el poder, una y otra vez, volvió a dibujar el mapa. Pero casi nunca se borra del todo. Un castillo desaparecido sigue marcando su forma en la memoria. Una calle rebautizada aún guarda la discusión sobre quién merece ser recordado... y a quién se aparta.
Bajo los escaparates pulidos y las plazas conocidas, late una Nantes más antigua: herida, devota, desafiante. Llévate esto contigo... en Nantes, incluso lo que ya no está sigue guiando el camino bajo tus pies.


