Hola, soy Adam, y voy a acompañarte en este recorrido. Mira a tu alrededor: las calles de Barcelona combinan curvas modernistas -ese estilo de finales del XIX y principios del XX, lleno de formas onduladas y detalles decorativos- con piedra gótica, pesada y solemne. Pero aquí va la gracia... bajo tanta elegancia hay una ciudad moldeada por fuego, rebeliones y algún que otro secreto incómodo.
Barcelona se ha levantado, se ha roto y se ha reinventado más veces de las que otras ciudades cambian de alcalde. Y de ese vaivén nace eso que se llama el espíritu catalán: tenaz, orgulloso, y muy difícil de doblar.
Antes de meternos en materia: mi voz se activará automáticamente al llegar a cada punto, aunque puedes darle a play cuando quieras. Si el laberinto de calles te descoloca, usa el mapa de la app o escríbenos en el chat. Y sujeta bien tus cosas... a los carteristas les gusta el turista distraído casi tanto como la buena arquitectura.
Vamos hacia el punto donde lo viejo y lo nuevo se encuentran, donde antes hubo murallas para dejar fuera… y también para encerrar dentro. Dirígete a nuestra primera parada: Plaça de Catalunya. Aquí empieza la historia.



