Frente a ti verás un edificio robusto de dos pisos, con ventanas enrejadas y un muro de piedra rodeando la esquina; para encontrarlo, sólo busca la gran pared de piedra y las ventanas altas con barrotes frente a ti, justo donde la calle hace una curva.
Imagina que es el año 1864. El edificio que tienes ante tus ojos era entonces el temido Kretsfengsel de Kristiansand, construido como parte del antiguo ayuntamiento. Aquí la vida era dura y seria: sólo con ver esas ventanas enrejadas y ese grueso muro de piedra uno ya sentía el peso de las historias que escondía. Por dentro, los pasillos retumbaban con el eco de los pasos de los guardias y los suspiros de quienes cumplían cortas condenas o esperaban su destino. Cuenta la leyenda que cuando la brisa marina soplaba por Festningsgata, los presos soñaban con la libertad y miraban al cielo a través de esas rejillas estrechas, esperando poder escuchar el canto de las gaviotas.
Pero, claro, como suele pasar, el edificio se quedó chico, incómodo y hasta un poquito fastidioso para la ciudad. Imagínate, hasta era un obstáculo para ampliar la calle, como ese mueble gigante que no encaja en la sala pero nadie sabe cómo mover. Finalmente, en 1977, dieron por terminado su papel de prisión y construyeron uno nuevo. Desde entonces, la vieja cárcel fue abandonada y, poco después, simplemente desapareció del paisaje, llevándose consigo misterios, susurros... ¡y seguro unas cuantas historias que aún esperan ser contadas! Así que, ¡ojito!, porque cada piedra y cada sombra de este rincón tiene un secreto bajo llave.


