A tu izquierda verás un gran edificio revestido de mármol blanco, con una imponente fachada de arcos, columnas y portales decorados, rematada por una cruz en lo alto; busca el estilo clásico y las formas robustas que destacan justo al frente.
Ahora... prepárate, porque delante de ti tienes el famoso Templo Malatestiano, el orgullo de Rímini y uno de los rincones más curiosos del Renacimiento italiano, aunque aquí la historia viene con más misterio y giros que una telenovela. Imagina este sitio siglos atrás, cuando aquí había solo una pequeña capilla llamada Santa Maria in Trivio. A medida que Rímini crecía, tiraron la capilla abajo para hacer una iglesia más grande, en la que terminarán enterrando, ni más ni menos, a los poderosos Malatesta.
Si pudieras escuchar el bullicio de las obras en el siglo XIII...... sería el sonido de los obreros trayendo mármol de ruinas romanas, algunos incluso de la lejana Sant’Apollinare in Classe y de la ciudad de Fano. Esta iglesia fue adornada con obras tan valiosas que hasta el mismísimo Giotto puso de su arte aquí. Con el paso de los años, la ambición fue creciendo. Y entonces apareció en escena Sigismondo Pandolfo Malatesta, el señor de Rímini, uno de esos personajes que tenía el ego más grande que su castillo. Decidió que el templo fuera su tumba y la de los suyos, por si quedaba duda de quién mandaba aquí.
Sigismondo no quería cualquier cosa: encargó el proyecto al gran Leon Battista Alberti, que empezó un diseño descomunal, revestido de mármol blanco y con altos arcos como los del Coliseo romano. La idea original era aún más ambiciosa: una enorme rotonda trasera con cúpula como la del mismísimo Panteón de Roma. Eso nunca se terminó, en parte porque los rivales del Malatesta, liderados por el Papa Pío II, le pusieron más trabas que las que tiene una novela de enredos -¡hasta lo excomulgaron! Imagina el chisme recorriendo la ciudad: el Papa diciendo que aquello parecía un templo pagano más que una iglesia cristiana, tanta era la cantidad de símbolos ocultos, referencias a filosofías antiguas y misterios. Y es que aquí, entre los relieves y las piedras, no todo es tan católico; hay toques de lo más paganos, casi como si la iglesia jugara al veo-veo con los símbolos.
Cuenta la leyenda que si quieres descifrar todos sus secretos necesitarías un doctorado… ¡o una brújula! Porque entre las Virtudes, el Zodiaco, las Artes, los juegos de niños, las profecías y las rosas repetidas más de 500 veces, hay que tomárselo con humor. Algunos decían que tanto símbolo extraño era solo una manera elegante de Sigismondo de enamorar a Isotta degli Atti, su gran amor, pero más probablemente, era solo su forma de gritarle al mundo “¡aquí mando yo!”. Si agudizas la vista, verás las iniciales “S” y “I” por todas partes, y no por “Sí”, sino por “Sigismondo”. Y para no quedarse atrás con los detalles, hasta puso elefantes en los relieves, símbolo de su familia.
La fachada que tienes ante ti es solo la punta del iceberg: arcos, columnas y un portal central decorado con mármoles traídos desde Ravenna, cuyo colorido y dibujo nos recuerdan a los tesoros de la Roma imperial. Pero en lo alto, el proyecto quedó inacabado, y por eso puedes ver todavía la simple fachada medieval bajo el mármol elegante. Es un edificio entre dos mundos: el viejo y el nuevo, la humildad franciscana y los sueños faraónicos de los Malatesta.
En el interior, cada capilla cuenta con su propio universo: una dedicada a las artes liberales, otra a los juegos infantiles (¡con ángeles niños jugando por todos lados!), y hasta una al Zodiaco, donde están todos los signos y escenas increíbles, como Saturno montado en un carro triunfal. Incluso el filósofo griego Jorge Gemisto Pletón, considerado uno de los cerebros más grandes de la antigüedad, descansa aquí por capricho de Sigismondo, quien trajo sus restos desde Grecia. Y por si fuera poco, la decoración se llenó de figuras misteriosas, muchas creadas por el atento martillo de Agostino di Duccio: ángeles, virtudes, animales, frutas… Aquí todo tiene un significado oculto que solo los muy listos logran descifrar.
¿Quieres otro dato curioso? Durante la Segunda Guerra Mundial, el templo recibió más golpes que una piñata en cumpleaños: bombas destruyeron la zona del ábside y parte del techo. La reconstrucción fue tan detallada que se numeraron los bloques uno a uno para volver a montarlos correctamente, como si fuera un gran rompecabezas. Hasta el famoso poeta Ezra Pound lloró al ver los daños.
Hoy, puedes admirar, además del mármol y los relieves, un valiosísimo crucifijo de Giotto y recuerdos del paso de grandes artistas. El Templo Malatestiano es la mayor carta de amor de Sigismondo a sí mismo… pero también un rompecabezas donde se mezclan la historia, el arte y la eterna pregunta: ¿es una iglesia, es un mausoleo o es el escenario de una buena historia de misterio? Te dejaré pensando… mientras seguimos nuestro viaje por los secretos de Rímini.



