Mira a tu izquierda... esa mole de bronce oscuro. Un personaje alto, envuelto en tela, parece levantarse desde una multitud arremolinada, casi como la proa de un barco, sobre una base ancha de granito.
Este monumento es, básicamente, una clase magistral de cómo convertir un enfado histórico en arte. En 1889 estalló la polémica por homenajear a Jan Hus, un sacerdote reformista que acabó en la hoguera en 1415 por plantarle cara a la Iglesia. Un aristócrata muy visible, el príncipe Karel Schwarzenberg, se opuso con ganas y llamó a los seguidores de Hus “una banda de ladrones e incendiarios”. La reacción pública fue: perfecto, pues nada de una plaquita discreta. Organizaron una colecta y financiaron este gigantesco icono modernista, obra del escultor Ladislav Šaloun, para que Hus presidiera la plaza más importante de la ciudad.
Si te fijas, la estatua cuenta una historia. Hus no está solo: emerge de un mar de personas dividido en dos grupos. Del lado que mira a la iglesia de Týn, ese edificio gótico enorme de torres puntiagudas al otro lado de la plaza, aparecen guerreros erguidos y desafiantes. Týn fue un centro del movimiento husita en el siglo XV. En el lado opuesto, las figuras están encorvadas, agotadas: representan a los emigrados derrotados, obligados a huir tras el fracaso de la rebelión en los años 1600. Miran hacia el lugar donde ejecutaron a veintisiete nobles. Hus queda en medio, mirando a la iglesia, como brújula moral.
La inauguración debía ser en julio de 1915, justo 500 años después de su muerte. Pero la Primera Guerra Mundial prohibía mítines nacionalistas... así que no hubo celebración. La “inauguración” oficial se hizo casi en secreto, dentro de una sala cercana.
Y aún más drama: en junio de 1990, ya caída la era comunista, una bomba explotó en el pedestal de granito e hirió a dieciocho personas. Nunca encontraron al autor. Por cierto, aunque parece macizo, por dentro es hueco: placas de bronce atornilladas. En la base aún se lee su frase: “Amaos los unos a los otros, y desead la verdad a todos”.
Cuando quieras, seguimos hacia la iglesia barroca blanca de ahí cerca.


