De un monumento algo caprichoso que señala un “centro” geográfico más mítico que comprobable, a las alturas de la astronomía amateur -o sea, la que practican aficionados con telescopios y mucha paciencia-, el verdadero centro de Buenos Aires es otro: una curiosidad que no se sacia nunca.
En este tramo se siente el pulso parejo de la ciudad, rebotando contra el hospital naval y mezclándose con el murmullo del parque. Y entre senderos y jardines públicos, se cruzan dos tiempos: la tierra recién trabajada y esa idea fascinante de los “gigantes prehistóricos”, animales enormes de eras remotas cuyos restos todavía alimentan la imaginación… y la ciencia.
Seguimos las huellas de urbanistas que miraron una cuadrícula que crecía a lo loco y decidieron que hacía falta profundidad: tiempo largo, telescopios y mucho verde. Una ciudad, al final, es un experimento que no termina.
Gracias por caminar este recorrido científico y cultural. Que siempre encuentres nuevas capas en los lugares que explores. Mirá hacia arriba… y cuidate.


