Si miras frente a ti, verás un edificio elegante y robusto, con una torre de reloj tan alta y llamativa entre las copas de los árboles que parece estar supervisando el parque; basta alzar la vista para que no se te escape.
Ahora, prepárate porque lo que tienes delante no es solo un museo, ¡es todo un sobreviviente de épocas frenéticas! Imagina que estamos en los años treinta: caballos corriendo, los gritos del público, el bullicio de las apuestas… y, en medio de todo este alboroto, este majestuoso edificio recién construido en 1933, diseñado para ser el club social del Shanghai Race Club. Entonces, la carrera de caballos era casi casi el “Netflix” de la época: el tercer negocio más rentable de Shanghái, y solo venir aquí, a esta casa club, ya era motivo de alarde. Es fácil imaginar una fiesta elegante, techos altísimos, escaleras de mármol, habitaciones forradas de madera de teca y un enorme salón de café con chimenea; si estos muros hablaran, ¿quién sabe qué secretos contarían?
Pero después, llegó el cambio. De la elegancia pasada de moda, la gente prefirió el arte. Así este edificio dio un giro, y se convirtió en el Museo de Arte de Shanghái, cambiando los caballos por cuadros y las apuestas por inspiración. Aquí se organizó la famosa Bienal de Shanghái, donde artistas de todo el mundo se reunían y, créeme, seguro que más de uno llegó esperando ver caballos y acabó admirando instalaciones modernas (¡decepción o sorpresa, según a quién le preguntes!). Fang Zengxian, el director del museo de aquel entonces, fue el verdadero jinete de esta transformación, apostando por una carrera diferente: la del arte contemporáneo.
Ahora, seguro que te fijaste en la torre con el gran reloj, ¿verdad? Este reloj estuvo durante años totalmente descompasado, y entre los habitantes de Shanghái corría la broma de que, si usabas su hora, ¡llegarías tarde hasta a tu propio cumpleaños! Incluso la torre fue símbolo de decadencia y corrupción en algún momento. Pero como toda buena historia china, después vino la renovación: en 2006, tras mucha precisión y trabajo, el reloj volvió a funcionar como debía. Un guiño al pasado, pero con el tic-tac bien puesto.
En 2012, la colección de arte se mudó a la Pavilion de la Expo, y este edificio prepara ahora su siguiente papel: el nuevo hogar del Museo de Historia de Shanghái. Así que, aunque cambia de inquilinos, este lugar sigue siendo el testigo silencioso de una ciudad que nunca para de correr, transformarse y reinventarse. Por eso, mientras miras la torre, imagina todas las miradas que ha visto pasar: desde apostadores nerviosos hasta artistas bohemios, y ahora, a ti, curioso explorador. ¿Quién iba a decir que un reloj podría guardar tantas historias?



