Para encontrar el Cine Daguang o “Grand Theatre”, mira hacia el edificio blanco de varios pisos con letras gigantes que dicen “GRAND THEATRE” y una marquesina roja justo en el centro; está a tu derecha, cruzando la avenida.
Ahora que estás aquí, imagínate el Shanghái de 1928: las calles huelen a té recién hecho y a emoción de novedades, mientras la gente se agolpa frente a este magnífico edificio, esperando entrar a lo que entonces era el cine más lujoso de toda Asia. El lugar era tan elegante que, aparte de la sala de proyección, tenía un salón de té, sala de billar, un espacio para fumar (cuando se pensaba que solo era aroma, no problema), y hasta una sala de espera donde podías presumir tu mejor traje.
En su inauguración, nada menos que el gran Mei Lanfang, maestro de la Ópera de Pekín, cortó la cinta roja. ¿Te imaginas los aplausos, las cámaras de fotos antiguas, y los flashes explotando como fuegos artificiales? Pero no todo fue glamour: dos años después, proyectaron una película extranjera insultante y el público, furioso, hizo tanto escándalo que tuvieron que cerrar temporalmente.
En 1933, el cine renació como ave fénix gracias al arquitecto húngaro Hudec. El nuevo diseño fue tan impresionante que todos comenzaron a llamarlo “El Primer Cine de Oriente”. Aquí se proyectaron grandes clásicos de Hollywood... hasta que una película china llegó por fin a la gran pantalla, entre vítores y banderas agitadas por los espectadores. Dicen que cuando encendían el proyector, el zumbido hacía vibrar hasta las suelas de los zapatos.
Este lugar vio pasar actores, sueños e innumerables citas románticas bajo sus lámparas de luces suaves. De hecho, en 2019 se convirtió en uno de los pocos cines de Shanghái abiertos las 24 horas. Así que si alguna vez te levantas a las tres de la mañana con antojo de palomitas y películas, ¡este es tu sitio! ¿Listo para seguir la ruta o te tienta quedarte a ver una película?



